Greenpeace: la ambigüedad de una ONG

Con casi cuarenta años de experiencia y con sedes estables en cuarenta países del mundo, Greenpeace demuestra ser la multinacional ecopacifista más famosa del planeta. En una perspectiva de liberación socio-ambiental, ofrecemos algunas reflexiones críticas sobre la práctica y la modalidad de acción de este gigante del ambientalismo.

Con 2’8 millones de socios, entre ciudadanos de base y entidades sin ánimo de lucro, la asociación no acepta fondos ni de gobiernos ni de grandes empresas con el fin de mantener su independencia e imparcialidad. Pero también está inmersa en el mercado mundial y sujeta a las leyes y a las lógicas de venta. Esta característica suya de estar con un pie en las luchas medioambientales, con acciones y demás, y otro en los despachos de contratación de los gobiernos y las grandes empresas, aunque sea para el desarrollo de la tecnología verde y para la salvaguardia del medio ambiente, la atan sin condiciones a ese sistema capitalista generador de toda la problemática contra la que ella misma combate.

La acción de Greenpeace se basa en pocos pero fundamentales temas, entre ellos la lucha contra las nucleares, el carbón, el uso de organismos genéticamente modificados, la deforestación y algunos más. Es notorio que la política del grupo se centra en la puesta en escena de grandes acciones espectaculares con el objetivo de atraer lo más posible la atención de los medios de comunicación sobre temas particulares poniendo frente a los ciudadanos la iniquidad de determinadas opciones político-ambientales. Estas acciones pueden ser complejas y peligrosas, y cada activista es provisto del material y de la preparación técnica necesarios para que todo salga bien. Desde la ropa al material de escalada, cada detalle es organizado y financiado de manera que no se deja nada a la suerte y se reducen al mínimo los riesgos. Vista desde fuera, Greenpeace puede parecer el no va más de la lucha medioambiental y pacifista, dejando henchido de protagonismo al activista común que querría ir aguerrido a bordo de una zodiac al asalto de las maléficas multinacionales, embadurnar de pintura los petroleros, surcar los mares o encadenarse con los compañeros a una central nuclear. Pero más allá del deseo heroico de luchar en primera línea, de la noticia en los medios de comunicación, existe una realidad tremendamente jerarquizada que reduce el campo de acción a un círculo de temas muy restringido, minimizando la iniciativa local y relacionándose con los activistas de base con criterios nada diferentes de los que podemos encontrar entre un obrero y un directivo empresarial. De la sede central de Amsterdam parten las decisiones de los dirigentes sobre cualquier tema, desde las campañas a realizar a los métodos de acción, y llegan hasta los grupos locales, repartidos un poco por todo el mundo, que llevan a la práctica, sobre el terreno, las decisiones tomadas en la cúspide.

Cada grupo local trabaja alrededor de los mismos temas y el método es “la unión hace la fuerza”, que podría ser bueno si no fuera por algunos defectos esenciales que restan potencia a los efectos. Greenpeace, por ejemplo, no tiene mínimamente en cuenta los problemas de las realidades locales, de las pequeñas y grandes desgracias político-ambientales de las comunidades en las que está inserta. En estos tiempos absurdos en los que ya es dificil enlazar áreas extremas con temas como la ecología y el medio ambiente, Greenpeace evita pelear la batalla de las comunidades locales, que son las que resultan más próximas, que nos tocan de cerca, que nos hacen sentir parte de la lucha. Por ello es fácil comprender cómo una realidad tan eco-pacifista no se ha encarnado en los millones de comunidades en lucha alrededor del mundo. También está claro que Greenpeace dificilmente tendrá mucha agilidad en proponer sus temas a los ciudadanos de Nápoles que soportan el enésimo megavertido entre escándalo de amianto y régimen militar. De igual modo será dificil consolidar en Vicenza un grupo local frente al silencio de Greenpeace sobre la devastación medioambiental (por no hablar de los manejos políticos) que sucederá en Del Molin. Lo mismo hay que decir de los milaneses, que tendrán mucha tarea para conseguir “descementarse” completamente de cara a la inauguración de la Expo 2015. Y los ejemplos se acumulan en los múltiples desastres medioambientales que devastan los territorios hasta ahora despreciados por Greenpeace. Está claro cómo una organización de tal envergadura económica podría relacionarse con todas las comunidades en lucha del mundo creando un sistema de contestación y de apoyo mutuo superior en mucho a sus actuales fuerzas. Pero la política del grupo no contempla el llamamiento a la acción ciudadana, a la sensibilización de la gente, a la colaboración con el resto del mundo del asociacionismo. Falta una clara referencia a la participación popular para la resolución de los problemas medioambientales y, en consecuencia, frente a la imposibilidad en la práctica de bloquear minas con gestos grandilocuentes y grandes titulares, falta la retroalimentación ciudadana que con su acción directa podría continuar las movilizaciones y las acciones. Falta una clara correlación entre las causas y los problemas que se quieren afrontar. Como siempre, el dinero y el poder son los responsables de las opciones políticas más desastrosas, como el uso de la energía nuclear o del carbón. Y tras ciertas opciones hay nombres y apellidos que se mueven sólo por el poder y el beneficio. Nombres y gobiernos a los que dificilmente se opondrá la multinacional verde.

A traves del uso de un ecologismo simple, siempre escandaloso y nunca profundo, se crea una sensación de distancia entre el problema enfrentado y las personas que lo han creado. Problema, este último, generador de disfunciones psicológicas dificilmente superables, como el profundo sentimiento de impotencia y de distancia de cara a los temas afrontados.

No podemos juzgar en un contexto separado la lucha ecologista de las otras luchas porque cada una de ellas forma parte de un gran recorrido de liberación que, incompleto, tenderá a recrear los mismos conflictos.

Marco Rizzato – Umanità nova

Publicado en el último número de Tierra y Libertad (Órgano de expresión de la FAI)

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