En pos de una reflexión estratégica para encarar la era Obama

El temible proyecto de B. Obama, una revisión estratégica de la línea política-militar del imperio para superar el relativo fiasco de ésta con G. Bush, es complejo y afecta a numerosos aspectos. Uno es la recuperación de lo que aún permanece extramuros del radicalismo de los 60 y 70 del siglo pasado: a éste le ha llegado el momento de escoger ente alinearse definitivamente con las instituciones, rectificar sus viejos y descomunales desaciertos, haciéndose revolucionario, o extinguirse.

En ello Obama no es pionero. Sigue a Zapatero. Su gobierno, que ya ha contabilizado 4 millones de parados, proviene de una alianza entre el PSOE y la izquierda radical, realizada en 2004 con el pretexto de oponerse a la guerra de Irak, sostenida por el PP (“la derecha”). Según esa orientación estratégica, pacifistas, feministas, ecologistas, parte de los libertarios, “antiglobalizadores”, anti-racistas y otros pretendidos “anticapitalistas” trabajaron por la victoria electoral del partido socialista (“la izquierda”). Ello resultó de la línea básica de aquéllos, neo-socialdemócrata. Tal conglomerado forma el llamado “PSOE exterior”.

Triunfante Zapatero, aquel movimiento, muy potente en la calle, se desactivó en 24 horas, sin que en los cinco años transcurridos haya encontrado la ocasión de reaparecer, a pesar de que aquél ha realizado, o mantenido, intervenciones militares en Afganistán, Líbano, Bosnia, Chad, Yibuti, Somalia y Mauritania. En particular, la sangrienta ocupación de Afganistán, denominada “la guerra del PSOE”, está pasando desapercibida. Zapatero incluso ha puesto a una feminista como ministra de defensa, para atraer más mujeres a las FFAA, las cuales superan ya el 15% de sus efectivos, porcentaje en rápido crecimiento.

Obama está realizando una operación política similar a la de 2004 aquí, pero más ambiciosa. El presidente progresista y de izquierda por antonomasia tiene como meta número uno recuperar y relanzar el poder militar de EEUU (“a aquellos que quieren destruir nuestro mundo les decimos: os venceremos”). Esto es, le parece poco el actual aparato bélico del imperialismo norteamericano, 1,4 millones de soldados (hombres y mujeres), 9.000 cabezas nucleares, 770 bases militares en 40 países extranjeros y un presupuesto bélico declarado que supera los 400.000 millones de $ anuales.

Al tomar posesión, envió otros 17.000 soldados a Afganistán, ese desventurado país triturado por imperialistas e islamistas. Ultra-militarista, el gobierno Obama publicó un informe, en marzo de 2009, que vierte graves amenazas contra China, la superpotencia rival, lo que es un paso notable hacia una tercera guerra mundial. Nadie ha denunciado tales hechos, ni otros muchos de similar jaez que se dan casi cada día.

El izquierdismo y movimentismo colaboracionistas tienen que ser criticados. Obama, igual que Zapatero, les está usando para reforzar la base de masas de las instituciones en un momento difícil para aquéllas. Quedamos a la espera que los sectores verdaderamente anti-sistema de aquéllos levanten su voz contra tanta impudicia y servilismo: en la presente coyuntura están obligados a hacerlo.

Los movimientos que se están convirtiendo, si es que no lo son ya, en nuevos pilares del capitalismo y el imperialismo, han de ser examinados desde sus orígenes. Nacidos en los años 60 y 70 del siglo XX con un enfoque equivocado, reformista, nunca tuvieron, ni desearon tener, un proyecto de transformación integral del orden constituido, siempre se atuvieron al pragmático ideario de buscar “soluciones” dentro de él, contando con él y, a fin de cuentas, en su beneficio. Aquéllos se valen del activismo (a menudo desenfrenado) como procedimiento de acción política, lo que niega la capacidad de reflexionar y debatir, por tanto de considerar críticamente su línea y contenidos, a la gente bienintencionada que se les aproxima. Ahora son cooperantes explícitos con el nuevo presidente (negro) del neo-imperio de la tecnología, la codicia, el adoctrinamiento, la sangre, la devastación medioambiental, la falta de libertad y la destrucción de la esencia concreta humana.

Finalmente, sería grotesco que, tras cinco años de silencio e inactividad, el falso radicalismo renaciera ahora, cuando parece que el PP puede aventajar electoralmente a la socialdemocracia. De suceder, sería una prueba añadida de que es un apéndice de ésta, que aparece y desaparece conforme a sus intereses como partido, del mismo modo que en EEUU la así llamada ultra-izquierda es poco más que el brazo activista del partido demócrata.

Félix Rodrigo Mora

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